El arquero
Normalmente voy a llevar a mi hija a una de sus actividades y me pongo mis zapatillas de deporte, pero hubo una temporada que estuve cansado, quizás desanimado, y pensaba: ya no ato los cordones, pues sólo voy a ir al garaje y al coche y ya no voy a salir del coche, así que nadie me va a ver, y si me cruzo con alguien en el garaje pues es muy poco probable que se fije en ese detalle. Pero aquella vez pensé para mí "hoy ata los cordones", y así lo hice. Al llegar al garaje vimos el coche de un vecino con la puerta del conductor abierta de par en par, pero ni rastro del vecino.
Al volver de nuevo al garaje después de dejar a mi hija, el coche del vecino seguía con la puerta del conductor abierta de par en par y sin rastro del dueño. Así que pensé "hay que ir a avisarle" y así que fui. De camino comprobé que no tenía que preocuparme de atar los cordones de mis zapatillas, pues ya mi mente me había avisado de que tenía que hacerlo.
Persiguiendo la luz subía el sendero, deseando conocer ese nuevo paisaje, ver, entender, descubrir, ser. Mi imagen en el espejo nunca fue exactamente igual. ¿Quién soy yo? Deseando siempre experimentar aquellos horizontes que destellaban a los lados de donde me encontraba subiendo. Aunque también podía andar en círculos. Podría ir hacia esos otros espacios. Fui hacia otros bosques, otras selvas, otros desiertos; y en ellos me perdí. Ojalá pudiera mejorar un poco, avanzar, entender. Entonces cierras tus ojos, alzas la mirada, y ves. Y de nuevo ante ti está el horizonte subiendo el sendero. A los márgenes bellísimos paisajes que te invitan a conocerte en círculos.
Persiguiendo la luz que percibo a ojos cerrados, deseando conocerme, voy. Ando más tranquilo. Yo podría conocerme más en los márgenes, perdiéndome en esos mares, buceando detrás de mi conciencia fugitiva. Pero en el camino más directo siento que todo lo que podría explorar ya lo se, pues detrás de esos paisajes, bosques, océanos, desiertos, mares y montañas que ya exploré, siempre me llevé lo mismo: el conocimiento de mi alma.
¿Que arquero disparó mi ser? Porque mi alma se llena en una dirección que el arquero trazó. Si me resisto perdiéndome en paisajes remotos... Pero percibiendo la luz del horizonte cerré los ojos para ver con claridad, y pensé "¿en que pensaba ese artista que trazó mi ser?" Ese artista pintó este cuadro que tu estás delineando ahora mismo. Ya está hecho fuera del tiempo. Resistirse o no es una percepción que pertenece al propio tiempo.
Voy subiendo el sendero y he experimentado en círculos que todo es igual, asesino y asesinado, listo y estúpido, bueno y malo... ¿Acaso no puedo trazar más recto? Siempre deseando... Ahora desearía saber lo que el arquero ordenó delinear para mí sin desviarme de su deseo. Ojala pudiera escribir un libro. El artista me susurró entonces un deseo que retumba en mi conciencia: estas palabras que tu lees.
Y sorprendiéndome de mi conciencia me pregunté ¿como voy yo a escribir un "best seller"? La respuesta fue inmediata, pues yo no tengo nada nuevo que contar, a no ser que mis palabras sean las suyas. Éstas que tu lees. ¿Acaso no puedes tú hacer lo mismo con tu deseo?
¿Porqué canta así el ruiseñor? ¿Porqué tienen espinas las rosas? ¿Porqué el cielo es azul?
Deléitate con mi canto, o te atacaré con mis espinas si osas arrebatarme de mi lugar. Mírame, percíbeme, siéntete bien.
Estaba yo pensando en la conciencia cuando de repente me acordé de la pregunta:
¿porqué canta el pájaro?
Al volver de nuevo al garaje después de dejar a mi hija, el coche del vecino seguía con la puerta del conductor abierta de par en par y sin rastro del dueño. Así que pensé "hay que ir a avisarle" y así que fui. De camino comprobé que no tenía que preocuparme de atar los cordones de mis zapatillas, pues ya mi mente me había avisado de que tenía que hacerlo.
Persiguiendo la luz subía el sendero, deseando conocer ese nuevo paisaje, ver, entender, descubrir, ser. Mi imagen en el espejo nunca fue exactamente igual. ¿Quién soy yo? Deseando siempre experimentar aquellos horizontes que destellaban a los lados de donde me encontraba subiendo. Aunque también podía andar en círculos. Podría ir hacia esos otros espacios. Fui hacia otros bosques, otras selvas, otros desiertos; y en ellos me perdí. Ojalá pudiera mejorar un poco, avanzar, entender. Entonces cierras tus ojos, alzas la mirada, y ves. Y de nuevo ante ti está el horizonte subiendo el sendero. A los márgenes bellísimos paisajes que te invitan a conocerte en círculos.
Persiguiendo la luz que percibo a ojos cerrados, deseando conocerme, voy. Ando más tranquilo. Yo podría conocerme más en los márgenes, perdiéndome en esos mares, buceando detrás de mi conciencia fugitiva. Pero en el camino más directo siento que todo lo que podría explorar ya lo se, pues detrás de esos paisajes, bosques, océanos, desiertos, mares y montañas que ya exploré, siempre me llevé lo mismo: el conocimiento de mi alma.
¿Que arquero disparó mi ser? Porque mi alma se llena en una dirección que el arquero trazó. Si me resisto perdiéndome en paisajes remotos... Pero percibiendo la luz del horizonte cerré los ojos para ver con claridad, y pensé "¿en que pensaba ese artista que trazó mi ser?" Ese artista pintó este cuadro que tu estás delineando ahora mismo. Ya está hecho fuera del tiempo. Resistirse o no es una percepción que pertenece al propio tiempo.
Voy subiendo el sendero y he experimentado en círculos que todo es igual, asesino y asesinado, listo y estúpido, bueno y malo... ¿Acaso no puedo trazar más recto? Siempre deseando... Ahora desearía saber lo que el arquero ordenó delinear para mí sin desviarme de su deseo. Ojala pudiera escribir un libro. El artista me susurró entonces un deseo que retumba en mi conciencia: estas palabras que tu lees.
Y sorprendiéndome de mi conciencia me pregunté ¿como voy yo a escribir un "best seller"? La respuesta fue inmediata, pues yo no tengo nada nuevo que contar, a no ser que mis palabras sean las suyas. Éstas que tu lees. ¿Acaso no puedes tú hacer lo mismo con tu deseo?
¿Porqué canta así el ruiseñor? ¿Porqué tienen espinas las rosas? ¿Porqué el cielo es azul?
Deléitate con mi canto, o te atacaré con mis espinas si osas arrebatarme de mi lugar. Mírame, percíbeme, siéntete bien.
Estaba yo pensando en la conciencia cuando de repente me acordé de la pregunta:
¿porqué canta el pájaro?
