El mendigo
Una vez, aún siendo adolescente, mis padres nos dejaron unos días a mis hermanos y a mí veraneando cerca de la playa. En aquel entonces no existían los teléfonos móviles. Yo me encontraba paseando por la playa cuando nos surgió un imprevisto, no recuerdo exactamente cual, el caso es que tuve que irme tal como estaba, descalzo y en bañador, a la ciudad a llamar por teléfono urgentemente. Pero no llevaba nada de dinero, iba tan sólo con lo puesto, así que tuve que pedir unas monedas para poder llamar en una cabina telefónica.
Cuando pedí dinero explicando mi situación la gente miraba mi aspecto y a mis pies descalzos. Ahora veo que no me creían. Pero una persona, a pesar de "no creerme" me dio unas monedas, de tal forma que "aquel mendigo de mi" pudo llamar por teléfono ... y cumplir su propósito.
Quizás alguna vez encontrare a un mendigo que no lo fuere, entonces quizás darle un limosna debiere.
Quizás alguna vez un falso mendigo me intente engañar, si me diera cuenta quizás entonces le de una limosna y le engañe yo a él.
Quizás alguna vez se de cuenta de "mi engaño" y por fin sea rico.
En otra ocasión, dando "una vuelta" en bicicleta por carretera me encontraba muy lejos de casa como para volver a pie, quizás 20km, y pinché... De nuevo se repitió la necesidad: Tuve que acercarme al primer pueblo que encontré y preguntar por una tienda de bicicletas o repuestos de bicicleta, pero no llevaba dinero y allí, lógicamente, no me fiaban, así que busqué por otro lado y di con un taller.
Le expliqué la situación a la única persona que había allí prometiendo que si me prestaba algo de dinero, al día siguiente, que por cierto, sería sábado, yo volvería pronto y se lo devolvería. Aquel buen hombre me dio un dinero con el cual yo pude comprar un kit de reparación de pinchazos (que desde entonces llevaría ya siempre conmigo). Así pude volver a casa ... y llegó el día siguiente.
Era sábado y yo estaba muy a gusto en cama, pero acababa de sonar la alarma que yo me había puesto para madrugar y marchar pronto, puesto que yo quería cumplir mi promesa, de hecho en el mismo momento de prometer a aquel señor que yo volvería me lo hice prometer a mi mismo también mentalmente. Pero a esas horas de la mañana ... incluso llegué a pensar "¿y si no voy? no creo que me vuelva a ver nunca más". Ya, sí, lo se, ya está mal ni si quiera pensarlo, además, yo me había propuesto "cumplir", sólo estaba remoloneando, buscando un motivo que me despegara de las sábanas, y a la mente le da por pensar...
Entonces pensé que "me molaría" tener un taller como ese cuando fuera mayor. Así que me visualicé como dueño de un taller: yo era en el futuro aquel señor. Y claro, me vi llegar a mi mismo pidiendo dinero, pero en mi visualización llegaba otra persona cualquiera que me pedía dinero a mi y yo era el dueño. Si yo quería un taller como aquel tenía que ser como aquel dueño que yo conocí el día anterior y estar dispuesto a dar el dinero que me pedían como ayuda. Más aún, estaba en la obligación moral de hacerlo y ayudar. Así que me visualicé ayudando, pues sino no tendría un taller así.
Como yo perseguía ese sueño me mantenía en esa visualización, y para que se pudiera cumplir debía obligarme a mantener la moral de ese protagonista, que era elevada y sentía comprensión y necesidad de ayudar. Entonces ocurrió algo mágico: Sentí aquella obligación moral como propia, pero ahora sintiéndola más que una obligación, era "un sentimiento moral".
Despertando me di cuenta: si quería proyectarme hacia aquella posibilidad yo debía ser tan generoso como aquel hombre.
Pero si "debía ser" ¿cuando? ¿cuando "debía ser"? ¿quizás en un futuro lejano cuando tuviera un taller y un día llegase alguien necesitando ayuda? ¿o antes? ¿cuando me debía volver tan generoso?
Pensando en "cuando" me di cuenta de estar viendo el tiempo pasar, y todo ese tiempo que dejaba pasar aún no era, y así pensando dejaba de ser, y si quería ser entonces había de ser ya!
Debía ser generoso desde ese mismo momento de darme cuenta de que debía serlo.
Así que no esperé más y me levanté rápido, volví en bicicleta otra vez, le devolví el dinero tal como prometí y le agradecí su generosidad.
Cuando me vio tuve la sensación de que no tenía mucha esperanza de volver a verme.
Eso me hizo darme cuenta de que aquel señor me había dado dinero a fondo perdido, más que un préstamo casi podría considerarse un regalo, había sido muy generoso. Eso me dejó pensativo largo tiempo, tanto que aún hoy perdura en mi memoria.
Quizás yo le devolví algo más que dinero, y quizás él me dio mucho más que un préstamo.
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Cuando pedí dinero explicando mi situación la gente miraba mi aspecto y a mis pies descalzos. Ahora veo que no me creían. Pero una persona, a pesar de "no creerme" me dio unas monedas, de tal forma que "aquel mendigo de mi" pudo llamar por teléfono ... y cumplir su propósito.
Quizás alguna vez encontrare a un mendigo que no lo fuere, entonces quizás darle un limosna debiere.
Quizás alguna vez un falso mendigo me intente engañar, si me diera cuenta quizás entonces le de una limosna y le engañe yo a él.
Quizás alguna vez se de cuenta de "mi engaño" y por fin sea rico.
En otra ocasión, dando "una vuelta" en bicicleta por carretera me encontraba muy lejos de casa como para volver a pie, quizás 20km, y pinché... De nuevo se repitió la necesidad: Tuve que acercarme al primer pueblo que encontré y preguntar por una tienda de bicicletas o repuestos de bicicleta, pero no llevaba dinero y allí, lógicamente, no me fiaban, así que busqué por otro lado y di con un taller.
Le expliqué la situación a la única persona que había allí prometiendo que si me prestaba algo de dinero, al día siguiente, que por cierto, sería sábado, yo volvería pronto y se lo devolvería. Aquel buen hombre me dio un dinero con el cual yo pude comprar un kit de reparación de pinchazos (que desde entonces llevaría ya siempre conmigo). Así pude volver a casa ... y llegó el día siguiente.
Era sábado y yo estaba muy a gusto en cama, pero acababa de sonar la alarma que yo me había puesto para madrugar y marchar pronto, puesto que yo quería cumplir mi promesa, de hecho en el mismo momento de prometer a aquel señor que yo volvería me lo hice prometer a mi mismo también mentalmente. Pero a esas horas de la mañana ... incluso llegué a pensar "¿y si no voy? no creo que me vuelva a ver nunca más". Ya, sí, lo se, ya está mal ni si quiera pensarlo, además, yo me había propuesto "cumplir", sólo estaba remoloneando, buscando un motivo que me despegara de las sábanas, y a la mente le da por pensar...
Entonces pensé que "me molaría" tener un taller como ese cuando fuera mayor. Así que me visualicé como dueño de un taller: yo era en el futuro aquel señor. Y claro, me vi llegar a mi mismo pidiendo dinero, pero en mi visualización llegaba otra persona cualquiera que me pedía dinero a mi y yo era el dueño. Si yo quería un taller como aquel tenía que ser como aquel dueño que yo conocí el día anterior y estar dispuesto a dar el dinero que me pedían como ayuda. Más aún, estaba en la obligación moral de hacerlo y ayudar. Así que me visualicé ayudando, pues sino no tendría un taller así.
Como yo perseguía ese sueño me mantenía en esa visualización, y para que se pudiera cumplir debía obligarme a mantener la moral de ese protagonista, que era elevada y sentía comprensión y necesidad de ayudar. Entonces ocurrió algo mágico: Sentí aquella obligación moral como propia, pero ahora sintiéndola más que una obligación, era "un sentimiento moral".
Despertando me di cuenta: si quería proyectarme hacia aquella posibilidad yo debía ser tan generoso como aquel hombre.
Pero si "debía ser" ¿cuando? ¿cuando "debía ser"? ¿quizás en un futuro lejano cuando tuviera un taller y un día llegase alguien necesitando ayuda? ¿o antes? ¿cuando me debía volver tan generoso?
Pensando en "cuando" me di cuenta de estar viendo el tiempo pasar, y todo ese tiempo que dejaba pasar aún no era, y así pensando dejaba de ser, y si quería ser entonces había de ser ya!
Debía ser generoso desde ese mismo momento de darme cuenta de que debía serlo.
Así que no esperé más y me levanté rápido, volví en bicicleta otra vez, le devolví el dinero tal como prometí y le agradecí su generosidad.
Cuando me vio tuve la sensación de que no tenía mucha esperanza de volver a verme.
Eso me hizo darme cuenta de que aquel señor me había dado dinero a fondo perdido, más que un préstamo casi podría considerarse un regalo, había sido muy generoso. Eso me dejó pensativo largo tiempo, tanto que aún hoy perdura en mi memoria.
Quizás yo le devolví algo más que dinero, y quizás él me dio mucho más que un préstamo.
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